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miércoles, 24 de agosto de 2011

Interculturalidad y Administración de Justicia.


Sondeos realizados por entidades especializadas en estudios sobre aprobación o desaprobación de la administración de justicia llegan a la consclusión que los Jueces de Paz, a quienes peyorativamente se les denomina "no letrados", alcanzan picos altos de aprobación respecto de sus pares los Jueces profesionales. Asi es. Los Jueces en ojotas estan mejor vistos que los jueces enternados.
A propósito de esto reproduzco a continuación un artículo, que más parece una cronica, picante, divertido, pero muy reflexivo. Un germen de lo que se viene tratando en eventos sobre interculturalidad y justicia. 


LOS JUECES DE PAZ (MAL LLAMADOS NO LETRADOS) EN EL PERU.
S. Florencio Jara Peña.

Hace mucho tiempo, cuando todavía sorbíamos de las fuentes del derecho oficial y pensábamos, ingenuamente, que la panacea a todos los conflictos sociales era simplemente la aplicación fría de la Ley, realizamos, un amigo y yo, una caminata entre deportiva y turística (ahora le denominan rimbombantemente “turismo de aventura”). Llegamos ya entrada la noche a un pequeño poblado borrado casi por la obscuridad. Por supuesto la población carecía de alojamientos. Aunque llevábamos consigo una carpa para los accidentes atmosféricos u otras eventualidades similares, algunos vecinos notables se ofrecieron a hospedarnos por aquella noche. Mi anfitrión fue el Juez de Paz. Me acomodó en el suelo, con mi bolsa de dormir, en un rincón de una habitación oscura. El trajín de la jornada me ayudo muy pronto a pescar el sueño.
Aún el alba no había despuntado cuando unas voces, una mezcla de rumores en quechua y español, se filtraron en mi somnolienta vigilia. A medida que me despabilaba iba cayendo en la cuenta que aquel Juez de Paz, que calzaba ojotas y se calaba la cabeza con un sombrero de hechura artesanal, me había cedido su despacho judicial para que pasara la noche. Antes de ponerle atención a la conversación, fingiendo aún dormir, reparé en el ambiente. Era una habitación en la que se habían amontonado muchas herramientas agrícolas, aperos de equitación y una variedad de productos de pan llevar. Al medio estaba una pequeña mesa de madera, también de factura artesanal, sobre ella se observaban algunos papeles y varios Libros de Actas, ante la cual se hallaba sentado mi anfitrión oyendo atentamente a dos campesinos, mientras tanto en la puerta de la habitación que daba hacia el patio se observaba un buen número de sus connaturales esperando también ser atendidos, sin inmutarse por mi presencia. Por el lapso de mas de tres horas fui testigo de cómo este singular Juez de Paz ponía fin a una abigarrada gama de conflictos, unas mas curiosas y sui generis que las otras, cuyas soluciones también resultaban además de ingeniosas, inverosímiles. Dentro de mi precaria formación jurídica estuve convencido, aquélla vez, que nuestro personaje había incurrido en Prevaricato, pues muchas de sus soluciones estaban “fuera de su competencia” o simplemente “no aplicaba la Ley” tal como se hallaba redactada, incluso en algún momento reprendió acre y severamente a un campesino que inicialmente se negaba a satisfacer unos daños causados por sus animales, pero lo que me sorprendió mucho más es que al parecer todos abandonaban el despacho judicial satisfechos.
Después de atender sus labores judiciales compartimos su frugal desayuno, ya que sus actividades agropecuarias recién iban a comenzar. Mientras despachábamos el mote con un pedazo de charqui, soasado al carbón de la concha, comencé a interrogarlo, para satisfacer mi desmedido y malsano don de la observación, acerca de su actividad judicial. Me comento que la Corte le había proporcionado algunos libros de actas (para registrar los casos civiles y penales, entre otros), de esto hacía ya cuatro años, pero que hasta ahora no los había utilizado, sus páginas estaban inmaculadas. Tenia quinto año de primaria y esto no le permitía entender la diferencia entre un proceso civil y penal. Esta revelación me dejó frío. Me dije que este señor significaba un enorme peligro para la administración de justicia y había que hacer algo para evitar que esto continuara: que un ignorante resolviera los conflictos de su comunidad. Entonces en mis reflexiones pensé que la mejor solución era designar como Jueces de Paz a estudiantes o Bachilleres en Derecho y no seguir manteniendo al margen de la Ley, en el oscurantismo e ignorancia a estos pobres campesinos. Antes de marcharnos del poblado nos mostró unos papeles judiciales que involucraba a una hija suya dentro de un proceso judicial en la provincia. Sin esperar nuestra opinión simplemente dijo mascando su deficiente castellano: “el Juez de Familia es un cagón”. Ignoro si lo dijo porque aquel magistrado se haya mostrado medroso o simplemente porque cometió un error irreparable (después de todo son acepciones válidas a la palabreja “cagar”) o tal vez porque en aquella ocasión era una frase coloquial utilizada por algunos guías de turismo que ya comenzaban a irrumpir en su comunidad.
Esta anécdota habría quedado enterrada para siempre en el olvido, a no ser por uno de los pasajes del discurso del Presidente del Poder Judicial que avivó las llamas del recuerdo: este año -dijo el doctor Távara- “se promoverá y fortalecerá la justicia de paz” (sic). En numerosas cortes se repitió lo mismo.
No hace mucho en un evento a nivel nacional en el que el tema fundamental eran los Jueces de Paz, alguien, cuyos pergaminos personales lo pintaban como un especialista en esta materia, dijo, con un aplomo que no dejaba lugar a dudas, que los Jueces de Paz son un patrimonio nacional, una institución emblemática, como el cebiche o el pisco peruanos, si caben las comparaciones. Esto no es cierto. La incorporación de los Juzgados de Paz en nuestro sistema judicial se debe a la influencia española. Inicialmente estos órganos fueron creados con la finalidad de desdoblar las funciones de los Alcaldes o Gobernadores, quienes tenían antiguamente facultades judiciales (recuérdese por ejemplo los famosos casos resueltos por Sancho Panza cuando fue ungido Gobernador de la ínsula de Barataria); posteriormente se desvincularían por completo de los municipios. El apelativo de “no letrados” si es una imposición peruana. No existe ninguna norma que le de esta nomenclatura, resulta de una inferencia por descarte: en la Ley Orgánica del Poder Judicial se hacer referencia a los “Juzgados de Paz Letrados” (Art. 54) cuando se define a estos órganos jurisdiccionales profesionales; entonces, se infiere, si los Jueces de Paz son legos, resultan siendo no letrados.
En el Perú los Juzgados de Paz constituyen mas del setenta y cinco por ciento de la judicatura nacional y de acuerdo a los niveles de aprobación superan de lejos la estima de la población respecto de sus homólogos profesionales, ergo deben merecer la atención no solo en los formales y rigurosos discursos de orden. Si embargo colisionan con muchos obstáculos: en primer lugar la legislación que regula el marco normativo de los Juzgados de Paz resulta intrincado, incoherente y confuso, si los profesionales en materia de derecho no logran ponerse de acuerdo, mucho menos se les podrá exigir, dado su carácter popular y lego, a los Jueces de Paz el conocimiento y aplicación de dispositivos aluviónicos, lo único cierto es que en la práctica ha quedado derogado el Reglamento de Jueces de Paz de 1854. De otro lado existe una disposición de ir “formalizando” las funciones de los Jueces de Paz, pero esto no va a resultar posible dada la pluriculturalidad de nuestro país, al menos ese es mi punto de vista, aún cuando hace muchos años atrás, padeciendo una miopía intelectual que limitaba mi razonamiento, califique de ignorante a un Juez de Paz que satisfactoriamente resolvía los conflictos sociales tan solo conciliando la ley con la lógica, el sentido común, la equidad y la benevolencia, cuando este personaje, como sus cientos de pares, aborda el problema de manera integral (no divide el caso formalmente en asuntos civiles, penales, laborales, etcétera), mediante la conciliación resuelve conflictos que no solo escapan de su competencia jurisdiccional sino que incluso son materias “formalmente” no conciliables (razones por las que son muchas veces denunciados) y para dar solución a la controversia utiliza elementos propios de su cosmovisión, sus valoraciones (priorizando la relación hombre-naturaleza) y costumbres de su comunidad (Art. 66 de la Ley Orgánica del Poder Judicial). La cuestión de los Juzgados de Paz no pasa únicamente por recordarlos en los actos solemnes, urge su inmediato diagnostico y atención.
Tal vez, si por un momento calzamos sus ojotas y nos embutimos en su pantalón de bayeta, aquel Juez de Paz tenía mucha razón y el Juez de Familia era realmente un cagón.

Abancay, enero del año 2007.

CREDITOS:
La imagen ha sido tomada de acá.



miércoles, 3 de agosto de 2011

Literatura y Justicia.

Las ficciones literarias son muy ricas en el tema de la Justicia, obviamente también de la injusticia; desde el gran libro que es la Biblia, pasando por el inmortal Quijote, hasta, se me ocurre de pronto un último libro que leí hace poco y que podría ser cualquier otro, El caso Arbogast del alemán Thomas Hettche . Los temas recurrentes son los conflictos judiciales.
Algo de esto precisamente trata el artículo que reproduzco literalmente a continuación.


LA JUSTICIA EN LA LITERATURA.
(Solo para lectores).
S. Florencio Jara Peña.

Démosle rienda suelta a la fantasía e imaginemos por un momento, solo en ficción claro, que el gobierno dicte una Ley, por esas cuestiones de la vida que la razón no sabe explicar, sobre todo en el Perú en que se promulgan y derogan leyes con una facilidad pasmosa, en la cual se reduzca a la mitad la pena de todos los sentenciados que purgan prisión en las cárceles del país sin ninguna excepción, de modo que por ejemplo el asesino que estaba condenado a 30 años de prisión tenga que cumplir únicamente 15 años de pena de privación de libertad efectiva, el violador condenado a 25 años ve reducida su sanción a 12 años y medio, y así en cada uno de los casos se tendría que recurrir a una simple operación aritmética para cumplir el mandato legal. Sin embargo esto que aparentemente era muy sencillo de ejecutar, genera sus primeras dificultades cuando los sentenciados a cadena perpetua, entre ellos Abimael Guzmán, solicitan que se aplique la Ley en cuestión, es decir que la cadena perpetua se reduzca en una mitad. A quién se le va a ocurrir que la pena de cadena perpetua pueda tener una mitad. Pero en aplicación del “derecho a la igualdad y la no discriminación”, sigamos fantaseando entonces, existe el deber de atender también estas solicitudes, so pena de que una vez más la comunidad internacional nos considere parias por desacatar derechos humanos internacionalmente reconocidos. No hay un precedente nacional ni internacional de una solicitud tan original como esta, salvo únicamente en los anales literarios: Julio Cesar de Mello e Souza (1895-1974), un escritor brasileño había escrito un libro “El Hombre que Calculaba” con el seudónimo de Malba Tahan. El protagonista era un extraordinario calculista de nombre Beremis Samir, quién en el Capítulo XXII de la novela resolvió un caso similar al que nos plantea nuestra imaginación. La solución ingeniosa no es tan corta como para consignarse en este comentario, pero resta decir que se trata de “una cuestión de pura matemática y de interpretación de la ley al mismo tiempo” (sic), de modo que la mitad de la cadena perpetua, conclusión que al final llega Beremis Samir, es la Libertad Condicional bajo vigilancia de la Ley, que es la única manera de tener detenido y libre a la vez a un hombre (esperemos que de este modo, omitir el proceso de razonamiento, la curiosidad les pique a todos los lectores y puedan leer esta novela). Haciendo a un lado estas digresiones y siguiendo el hilo de nuestra ficción, gracias a la lógica del calculista todos los presos condenados a cadena perpetua, incluso Guzmán, saldrían en libertad mucho antes que los demas. Pero, esto no pertenece a la realidad es imaginación, solo pura ficción.

Así como la historia anterior, la literatura es pródiga en casos en que los protagonistas han sido muy acertados en sus decisiones frente a los conflictos sociales que conocían. Desde Salomon y su famoso caso de las dos mujeres que se disputaban a un recién nacido (literatura religiosa, a despecho de que los hechos realmente hayan ocurrido), tanto que es proverbial hacer uso de la expresión “salomónico” para hacer referencia a una componenda justa, hasta El Mercader de Venecia, drama Shakespeariano en el cual se recrea el fallo justo de Porcia (disfrazada de un sabio jurista) frente a la extravagante pretensión del usurero Shylock de obtener una libra de carne de su deudor Antonio, el mercader de Venecia, al no haber honrado la deuda en el tiempo convenido, despreciando incluso la oferta de recibir tres veces mas de lo prestado: “(...) Un momento no más, exclama a continuación el sabio jurista, el contrato te otorga una libra de su carne, pero ni una gota de su sangre. Tome la carne que es lo que le pertenece; pero, si derramas una gota de sangre, tus bienes serán confiscados conforme a la ley de Venecia (...)”, declaración que hizo desistir de la cruel exigencia contractual.

Hay una historia más que puede citarse en este espacio: la de Sancho Panza cuando fue designado Gobernador de la Insula Barataria.

En el Capítulo LXV de la célebre novela Don Quijote de la Mancha (no por célebre de fácil lectura) del no menos ilustre Miguel de Cervantes Saavedra, se hace Gobernador de la ínsula Barataria al fiel escudero Sancho Panza. No bien iniciada sus funciones se le presentaron algunos conflictos que resolver. Uno de ellos era el de una mujer que presuntamente había sido ultrajada sexualmente, robándosele su castidad que venía custodiándolo, según refiere, con dientes y uñas de moros y cristianos por 23 años, por un hombre a quién a viva fuerza había conducido frente al buen Sancho. El acusado negaba la imputación, como suele ocurrir en estos casos. Afirmaba éste que tenía por oficio la ganadería, la que le dejaba alguna renta, y efectivamente reconocía que habían yacido ambos, por voluntad propia de la moza a quién recompensó lo suficiente. Oídas las versiones nuestro Sancho ordenó que el hombre entregara todo el dinero que traía consigo, veinte ducados, a la mujer. Ésta deshaciéndose en zalamerías agradece al gobernador por su sapiencia, que así miraba por las huérfanas menesterosas y doncellas, retirándose feliz con el dinero. Seguidamente Sancho ordena al varón, quién ya tenía los ojos húmedos por el llanto, que salga tras ella y a como de lugar, incluso haciendo uso de la fuerza si fuera necesario, recupere la bolsa del dinero y vuelva con ella. Al cabo de unos minutos el hombre y la mujer regresan nuevamente donde Sancho, esta vez mas asidos y unidos que la anterior, disputándose en un tira y afloja la bolsa del dinero. El hombre se quejaba de que no había fuerza humana que pudiera recuperar el dinero, al punto que estaba resignándose a perderlo, pues así lo demostraba la mujer que por su parte reclamaba al desvergüenza y osadía del hombre de desacatar el fallo del gobernador. El diálogo que sostiene Sancho antes de llegar a su decisión es también proverbial. Veámoslo cual textualmente lo ha expresado su autor:

“(...) —Y ¿háosla quitado? —preguntó el gobernador.

—¿Cómo quitar? —respondió la mujer—. Antes me dejara yo quitar la vida que me quiten la bolsa. ¡Bonita es la niña! ¡Otros gatos me han de echar a las barbas, que no este desventurado y asqueroso! ¡Tenazas y martillos, mazos y escoplos no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aun garras de leones: antes el ánima de en mitad en mitad de las carnes!

—Ella tiene razón —dijo el hombre—, y yo me doy por rendido y sin fuerzas, y confieso que las mías no son bastantes para quitársela, y déjola.

Entonces el gobernador dijo a la mujer:

—Mostrad, honrada y valiente, esa bolsa.

Ella se la dio luego, y el gobernador se la volvió al hombre, y dijo a la esforzada y no forzada:

—Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa le mostrárades, y aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios, y mucho de enhoramala, y no paréis en toda esta ínsula ni en seis leguas a la redonda, so pena de doscientos azotes. ¡Andad luego digo, churrillera, desvergonzada y embaidora! (...)”

En todos estos casos los protagonistas han sabido conciliar el cumplimiento de la ley con la lógica, el sentido común, la equidad y la benevolencia, virtudes que ya no se encuentran en las personas que de una u otra forma contribuimos al sistema de justicia actual (abogando, juzgando, dictaminando o académicamente), pues no somos sino aplicadores fríos del texto de las leyes.
Abancay, noviembre del año 2006.

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La imagen ha sido tomada de acá:

lunes, 21 de marzo de 2011

Acerca de algunas mentiras universales.


Seguro que muchos de nosotros hemos oido o leído acerca de las famosas mentiras universales. El artículo que reproduzco a continuación esta referido a una muy difundida en las zonas altoandinas: "kaychallapi", que traducido al español sería algo así como "acasito" o "aca nomás". En fin, la mentira es la mentira, sean estas mentiras blancas, piadosas, mentirijillas o de las mas ruines. La mentira siempre busca distorsionar la realidad, sea cual sea su propósito. En esta época de elecciones, en que las mentiras estan a la orden del día, causa enorme placer y diversión leer un artículo como este.

KAYCHALLAPI (ACASITO NOMAS).
Para la flaca, con mucho amor.

Después de oír el discurso de Vargas Llosa al recibir el Nobel de Literatura caí en la cuenta que algo de ello no era ficción. Vargas Llosa es un maestro para hacer obras maestras de la mentira, de la ficción, así que prejuzgué que su discurso, que en algunos pasajes le arrancó lágrimas, también era una ficción bien construida precisamente para recibir un premio por saber inventarlas, creo que me equivoqué. Dijo algo así como que cuanto más sentía al Perú era en otras latitudes. La mayoría de sus ficciones tienen como espacio y tiempo, por supuesto mentidas magistralmente, nuestro país: sea como barrio, sea como región, sea como fuere, pero en sus novelas se refleja el Perú.
Algo parecido me sucede. Por supuesto no quiero compararme con nuestro Nobel, pero siento lo mismo aunque a nivel micro. Me explico: ahora que estoy fuera de Apurímac las nostalgias y sentimientos hacia esa tierra son incontenibles, estoy empezando a querer más a este pequeño punto inhóspito de nuestro mapa. Los recuerdos se agolpan en mi mente incesantemente y pugnan por manifestarse de alguna manera.
Precisamente fui presa de uno de estos cuando perdí el rumbo en el monstruo de mil cabezas. Me había extraviado en Lima y no hallaba forma de volver a mi hospedaje. Lo más recomendable en estos casos, y en otros en que el peligro asecha, es no perder la cordura, de modo que para ubicarme entré en una pequeña tienda y mientras me llevaba el burbujeante vaso de gaseosa a los labios recordé que también uno puede perder el rumbo en la puna.
Si. Estuve perdido todo un día, y su noche entera, en la más desolada puna sin poder hallar el camino de retorno hacia el pueblo.
Cómo llegué allí tiene que ver con el título de este artículo.
No creo que solamente en el Perú seamos campeones para mentir (para aclarar a mis confundidos lectores, acá no me estoy refiriendo a la mentira como una veta para crear ficciones al estilo Vargas Llosa, sino como uno de esos malhadados defectos de la humanidad para torcer la verdad, sea cual fuere el propósito, pero casi siempre para justificar despropósitos personales o conseguir ventajas ruines).
Estoy seguro que han oído o leído acerca de las mentiras universales: “mañana te pago”, “sólo un parcito”, “estuve en el trabajo”, “ah, y no se olvide –esta agua-, no es mineral”, “cuando salga electo” y muchas otras más. La mentira, como defecto o vicio, la llevamos en los genes toda la humanidad, no es patrimonio de un determinado país o una determinada raza.
A estas habría que añadirle “kaychallapi” (es probable que esta palabra quechua esté mal escrita, a decir de los “lingüistas” quechuas, pero he tratado de construirla tal como suena oralmente haciendo uso de los fonemas castellanos, en todo caso significa “acasito nomás”).
Es imposible que alguien que haya estado por las zonas altas de Apurímac (y también por el Cusco) no haya oído jamás esta celebre palabrita.
Kaychallapi, papay. Es lo que acostumbran contestar los campesinos cuando suele seles preguntar por un determinado lugar. A diferencia de las otras mentiras que siempre buscan lograr una mal concebida viveza, criollada, pendejada, o como quiera llamársele, esta mentirijilla es producto de la creencia andina de que cualquier distancia puede ser cubierta pedestremente, o tal vez tras esa inocente palabra se esconde una pícara tomadura del pelo al presumido citadino para hacerlo padecer de cansancio y otras desventuras. Lo cierto es que jueces, ingenieros, médicos, enfermeros, maestros, policías han caminado horas y horas, han vadeado cerros y quebradas y cruzado numerosos ríos para llegar, ya muy entrada la noche, a su destino que, a decir del circunstante o casual campesino andino con el que se encontraban en el camino, estaba “kaychallapi, papay”.
Aquella vez fui en busca de una persona cuya vivienda estaba “kaychallapi, papituy, detrás de aquella lomadita nomás”. Había caminado medio mundo, escalado mil cerros por unos caminos apenas imperceptibles, pero no daba con la bendita casa. La noche con su manto oscuro empezaba a difuminar el paisaje agreste de la puna cuando una infernal lluvia se desató. Llovía, literalmente, a cántaros. En medio de la desolación, sin un lugar donde guarecerme, dando bastonazos de ciego para dar siquiera con el camino de retorno fui presa del pánico. Sin noción del tiempo ni del lugar caminé sin rumbo, como un loco, aquella noche, hasta que, empapado hasta los huesos, divisé, en lontananza unas luces que brillaban como pequeñas luciérnagas. Hacia allí me dirigí para llegar, al cabo de muchas horas, junto con el alba. ¡¡Había vuelto al pueblo de donde había partido en la víspera por el extremo opuesto!!

Luego de calmar mi sed dije para mi coleto que esta vez no me sucedería lo que en la puna. Claro que no, tomaría un Taxi e indicando la dirección al taxista llegaría a mi destino, así estuviera acasito nomás.

Ica, verano del 2011.
Florencio Jara Peña.

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

El aborto y la cifra negra.

Reproduzco un artículo que, con recursos literarios, pone al desnudo este controversial tema.


LA CIFRA NEGRA.
Escrito por Florencio Jara Peña.
Un evento académico me había convocada a la ciudad de Lima. No recuerdo cuales fueron los temas abordados, pero de seguro que fueron jurídicos. Lo cierto del caso es que congregó, como ponentes, expositores, presentadores, inauguradores y demás personalidades, a las intelectualidades mas descollantes del país, así como también a funcionarios de las más altas esferas del sistema de administración de justicia. La sede era un lujoso hotel que prestaba todos los servicios cuyos gastos fueron sufragados por una ONG que auspiciaba el evento.
Abrumado por el sopor del verano limeño y la sosa charla del expositor de turno, decidí, antes de quedarme dormido en la butaca, recluirme en el cafetín (o como se llamen ahora estos lugares) en busca de una bebida helada. Para esto escogí el lugar más apartado del bar. A un costado mío, separado por una especie de tabique de madera finamente artesonado, se hallaba la zona “solamente para personas importantes” (zona “VIP” por sus iniciales en inglés). Sus ocupantes, quienes vestían muy formalmente trajes exclusivos y de marca, no habían reparado en mi presencia difuminada tras el biombo. Eran algunas de aquellas personalidades destacadas que reunidos en torno a una mesa venían conversando de lo más amenamente, pues de tanto en tanto el estallido de sus risas retumbaba en el ambiente vacío. Tengo dos defectos malsanos que no pocas veces me han generado algunos problemillas: uno es mi instinto irónico (si tal instinto existe) que lo confunden con el cinismo o la pedantería; y el otro es mi don de la observación (si se le puede llamar don). Precisamente jalonado por mi redomada curiosidad decidí quedarme a oír (la nitidez no podía ser mejor) aquella conversación, para saber que pensaban esos ilustres personajes a los que solo tenia la oportunidad de ver sus nombres reflejados en la carátula de un libro erudito, leer sus entrevistas en los diarios o escucharlos en la televisión. Para sorpresa mía el tema que los abstraía no tenía nada que ver con el evento, eran temas triviales, la formalidad había quedado en algún lugar entre el estrado y ese lugar. Al fin y al cabo eran de carne y hueso como nosotros los comunes mortales, expelían eructos y ventosidades, con toda seguridad. Eran tan igual a cualquier grupo de machos fanfarroneando sobre “las cosas de la vida”, sobre las hembritas, las trampitas y demás actividades machistas. Pero, no dejó de sorprenderme aún más el lenguaje coprolálico que se empleaba, podrían haber hecho sonrojar al más desbraguetado inquilino de Lurigancho.
De pronto alguien había hecho referencia a una “bajada” practicada a su amante, como quién voltea la página de un diario o piden que le pasen la mantequilla. Ese fue el punto de partida para que otro afirmara, como una verdad de perogrullo, que todos alguna vez en su vida, si se consideraban bien machitos claro, habían participado de un aborto: “son gajes del oficio, compadrito, quién alguna vez no hizo abortar”. “Dios perdona el pecado, pero no el escándalo”. Fue lo último que escuche que alguno pontificaba, cuando caminaba de retorno al auditorio.
Físicamente estaba sentado en el auditorio, pero mi mente divagaba en muchas cosas. Realmente era cierto que muchas personas podían cometer delitos sin que sean tildados de delincuentes: acababa de comprobarlo personalmente hace unos instantes.
“El delito –como lo afirma el profesor noruego de criminología Nils Cristie- no es un concepto estático o fijo, y cuales acciones son consideradas delictivas varían históricamente y de una sociedad a otra”. En efecto una acción es etiquetada de delito arbitrariamente por el Estado a través del Poder Legislativo, este mismo poder puede dejar de considerar una conducta como delito: el ejemplo mas reciente en nuestra realidad es el Adulterio o el Desacato. Entonces delincuente sería, en términos criminológicos, la persona que ha cometido un delito.
¿Será cierto esto?. O sería mejor afirmar que delincuente es la persona que habiendo cometido un delito es descubierto y sancionado por el Estado. Claro en la práctica es así, de lo contrario todas aquellas personalidades que se ufanaban de haber cometido el delito de Aborto serían delincuentes, pero no era así, por el contrario eran los adalides que desde diversos estrados y tribunas luchaban contra el delito y el delincuente, al menos eso se percibía en sus refinados y afectados discursos.
Esto último, la cantidad de delitos no denunciados, tiene relación con la llamada Cifra Negra de la Delincuencia. Las estadísticas oficiales en cuanto a las cifras delictivas se limitan a los delitos que son reportados o denunciados ante las autoridades competentes, pero esta información no es suficiente porque los delitos que no reciben este tratamiento pasan a formar parte de la cifra negra. Las razones por las que algunos delitos no son denunciados dependen de muchos factores y de la idiosincrasia del teatro social en los que tienen lugar. En la Criminología se afirma que sólo entre el 30 ó 40% de los delitos cometidos son denunciados, incluso hacen referencia a una especie de regla general: entre más grave es el delito, más se reduce la “cifra negra”; se dice que las víctimas realizan, antes de denunciar un hecho, un análisis de costo-beneficio, pues consideran que si la pérdida es pequeña, no vale la pena acudir a las autoridades y perder tiempo y dinero en inútiles papeleos, por ejemplo a quién le sustraen un televisor muchas veces le resulta mucho mas caro recuperarlo denunciándolo antes las autoridades que dejar impune el hecho y comprarse otro nuevo.
Pero esto no puede aplicarse de modo absoluto para todos los delitos, por lo menos no para el Aborto, a mi juicio, máxime en nuestra sociedad, son cuatro la razones más gravitantes para que los índices de abortos no denunciados sean muy elevados : por temor o vergüenza a la investigación judicial, temor de perjudicar al autor cuando éste tiene una relación muy estrecha con la víctima, la denuncia puede afectar o perjudicar a la víctima y por la presión familiar y social de ser identificadas como víctimas de ciertos delitos que las estigmatizan y las hacen sentir humilladas.
Estas cuatro razones (o sinrazones mas bien) se condensan perfectamente en el refrán soltado a colación en la célebre charla del cafetín: Dios perdona el pecado, pero no el escándalo. Pero podría perfectamente quedar modificado del modo siguiente: Dios perdona el delito, pero no el escándalo. Así es nuestra sociedad de doble moral.
Notas:
1.- Es proverbial ya las lisuras proferidas por nuestro Cardenal Juan Luis Cipriano en una Escuela Técnica del Ejercito, de manera que no debería causar asombro que entre “machos” hasta los curas sean soeces y procaces.
2.- Bajada en jerga significa aborto.
El Aborto en el Perú esta tipificado y sancionado, en sus diversas modalidades, en los Arts. 114 al 120 del Código Penal.
3.- En el mundo se practican 43 millones de abortos al año, el 90 por ciento en circunstancias inseguras, es decir, sin las condiciones médicas e higiénicas necesarias para llevarlo a cabo, sobre todo en países en desarrollo. Los abortos inseguros contribuyen el 14 por ciento de la mortalidad de las mujeres en el mundo; razón por la cual 82 mil mujeres mueren al año por esta causa (fuente: www.elsiglodetorreon.com.mx).
En Perú hay 1,200 Abortos clandestinos por día (fuente: diario Trome del 24/07/2008).

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viernes, 12 de noviembre de 2010

A propósito del Proyecto de Ley que despenaliza las relaciones sexuales consentidas entre/con adolescentes en el Perú.


Este tema puede ser tratado desde diversos puntos de vista, la sexualidad tiene muchas aristas. Reproduzco un comentario estrictamente legal.

A propósito del Proyecto de Ley que despenaliza las relaciones sexuales consentidas entre/con adolescentes en el Perú.
S. Florencio Jara Peña.

Esta semana levantó polvareda, más de la cuenta, el Proyecto de Ley (ver el proyecto) que modifica los Artículos 170, 173, 173-A y 175 del Código Penal.
Los medios de prensa hicieron un cargamontón al Presidente de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso el Fujimorista Víctor Rolando Sousa Huanambal, cuya autoría se le atribuye erróneamente.
Muchos pegaron el grito al cielo, como por ejemplo el Presidente de la Asociación Médica Peruana (AMP), Herbert Cuba García, quién se mostró en contra del proyecto de ley de marras que despenaliza las relaciones sexuales de adolescentes entre 14 y 18 años, enfatizó que esta medida no solo sería un despropósito sino que se promovería el turismo sexual en el país.
La Prensa peruana, hablamos de los medios a los que hemos accedido, una vez mas ha demostrado su ignorancia en temas legales (ojo que muchos presentadores de los programas noticiosos de la televisión nacional son abogados e incluso se jactan de serlo). Resulta irritante que conozcan más y le brinden cobertura noticiosa a lo que pasa en el show de los sueños o en amigos o rivales o en cualquier telenovela que transmite el canal de TV al que sirven.
Ahora bien, respecto al tema que nos ocupa cabe decir lo siguiente:
1.- El Proyecto de Ley fue enviado por el propio Alan García Pérez (así es, el mismo que hace unos años atrás propugnaba la pena de muerte para los violadores), todavía el 10 de septiembre del 2010. No es una iniciativa de Sousa Huanambal.
2.- El Proyecto de Ley no autoriza las relaciones sexuales entre o con adolescentes, lo que hace es dejar de sancionar penalmente este tipo de relaciones sexuales cuando son consentidas.
Esto, relaciones sexuales consentidas entre o con adolescentes sin relevancias penales, ya se venía dando en la realidad judicial.
En efecto, mediante los Acuerdos Plenarios N° 7-2007/CJ-116 y N° 4-2008/CJ-116, se dispone, con carácter de vinculante (léase obligatorio) para todos los jueces de la república, que este tipo de relaciones sexuales estaban exentas de responsabilidad penal, es decir el o la que practicaba relaciones sexuales con un adolescente mayor de 14 y menor de 18 años de edad con su consentimiento no tenia ninguna responsabilidad penal.
Exactamente lo que propone el proyecto de ley. En buena cuenta lo que se pretende con el proyecto de ley es normar lo que ya se viene dando en la realidad (a muchos les parecerá extraño esto de que la práctica judicial ya viene aplicando lo que todavía no se halla regulado por una ley. Si pues, esto se debe a que de un tiempo a esta parte, como en el sistema anglo americano, va ganando terreno la jurisprudencia como precedente de cumplimiento obligatorio).
3.- Lo que generó toda esta confusión es la Ley 28704.
A partir del 06 de abril del año 2006 todo tipo de relaciones sexuales, sean estas consentidas o no entre o con mayores de 14 y menores de 18 años, eran consideradas delitos de violación de la libertad sexual. Esta Ley generó una antinomia con otras leyes que comprendía a los Adolescentes que le reconocían capacidades sexuales y reproductivas a estos.
Entonces el proyecto de ley ya no reprimirá las relaciones sexuales consentidas, pero si sancionará, y muy drásticamente, las violaciones sexuales propiamente dichas (con violencia o grave amenaza) contra los adolescentes (esta es la modificación al Art. 170 del C.P.).
Seguirá vigente la norma (Art. 173, Incs. 1 y 2 del C.P.) en cuanto reprime drásticamente las relaciones sexuales, sean estas consentidas, violentas o bajo engaño, de personas menores de 14 años edad.
Consideramos que el texto que propone el proyecto de ley es mucho mejor que el que ahora se halla vigente, pues al introducir el párrafo “cualquier forma de engaño, o valiéndose de una situación de superioridad por posición o cargo, o aprovechándose de la vulnerabilidad de la víctima” (sic), en lugar del simple, escueto y multívoco “engaño”, el ámbito de protección de la presunta víctima se ensanchará notablemente.
Con la modificación al Art. 175 del C.P. dejará de tener aplicación el RN N° 1628-2004-ICA, una Ejecutoria Vinculante inverosímil y traída de los cabellos que interpretaba absurda y obtusamente el término “engaño”.
5.- Visto en el contexto legal y judicial el proyecto de ley es un acierto.
6.- La realidad supera la ficción. Posiblemente esta trillada frase no les diga nada. La Ley es una ficción legal. Los hechos sociales siempre van un paso delante de la Ley.
Lo que hace este proyecto de ley es dejar de sancionar lo que en la práctica social se viene dando: relaciones sexuales consentidas entre o con adolescentes mayores de 14 y menores de 18 años de edad.



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jueves, 4 de noviembre de 2010

Bolivar: la caida de un mito.


Casi siempre la historia no es como nos la contaron, la verdad de los hechos paulatinamente va quedando sepultada con el paso inexorable del tiempo, como la patina cubre los metales; más algunas veces se corre el telón y -oh sorpresa- descubrimos, con mucha vergüenza ajena, la horrenda desnudez de la mentira.
Tal parece que no todo lo que se escribió sobre Bolívar ha sido realmente heroico y glorioso. De esto y algo mas trata el artículo que se los reproduzco a continuación.  


LOS AMORES TORMENTOSOS DE BOLIVAR.

Florencio Jara Peña.

“La historia es la mentira encuadernada”.
Jardiel Poncela Enrique.
El tiempo es drástico. Quién no ha escuchado alguna vez en su vida esa frase. Si pues, el tiempo es inclemente con el aspecto físico de las personas. Siempre lo había tomado como algo que se dice sin convicción, por solo decirlo, como cuando soltamos un “hola cómo estas”, una frase hecha, coloquial. Pero nunca lo había comprendido, hasta ahora.
No recuerdo desde cuando se había implantado, imagino que ganado por la costumbre, las apoteósicas celebraciones de las bodas de plata de las diferentes promociones que habían culminado estudios secundarios en todos aquellos colegios que se arrogaban alguna tradición local. Por supuesto el Glorioso Colegio Ciencias no podía ser ajeno a esta costumbre, su reputación, que rebasaba incluso las fronteras patrias, tenía origen en su célebre fundador: Bolívar.
Cada promoción trataba de superar a su predecesora en ostentación y boato. Para esto se trataba, por todos los medios, que pudieran estar presentes aquellos condiscípulos que habían alcanzado el éxito personal. Esto se medía, como se estilaba en estos tiempos de la llamada “aldea global”, en el grosor de la billetera y las cuentas bancarias en las entidades financieras más exclusivas. Pero ni siquiera el dinero era capaz de detener los estragos del tiempo. Ahí estábamos, casi todos con una prominencia abdominal que luchaba por salirse entre los botones de las camisas, algunas de marca, muchas de Gamarra. Ahí estaba el más bacán de la clase, el que había enamorado a nuestra reina de belleza con el encanto de sus frondosos cabellos ensortijados, ahora con el sol de setiembre reflejándole en la calva, sin restos de aquellas hebras que parecían finos sacacorchos. Estaba también el mas lorna de la clase, a quién la fortuna le había sonreído en gringolandia donde contaba con una empresa de limpieza, escondido detrás de sus gruesas lunas, con la calvicie ganando piel a partir de la coronilla, pero, para sorpresa de todos nosotros, colgado –para colmo era chato- de una sensual morena de diminuta minifalda que dejaba ver su diminuto calzón (un hembrón, habíamos coincidido todos los compañeros sin atenuantes), todavía ebrio de la báquica borrachera que se había pegado la noche anterior, gastándole bromas pesadas a todo el mundo, como antes hacían con él. Por ahí andaba uno que había tentado con suerte en la política, a pesar de lo turbio de su mirada, quién tenía una sutil manchita, casi invisible, pero que ahora se había tornado en un enorme moscardón en la punta de la nariz que afeaba aún mas su rostro; sin embargo, a contrapelo de estos defectos, durante el desfile el locutor le había prodigado muchos elogios, como que era la representación viva del espíritu democrático de Bolívar. En fin los recuerdos y las anécdotas, salían a borbotones.
Precisamente guiado por los recuerdos y la nostalgia me aventuré a dar un paseo por el remozado colegio. Ahora me parecía mas pequeño que cuando estudiaba. Pero, a no ser por las muchas capas de pintura que se habían ido sucediendo en el tiempo, el colegio seguía igual, no había cambiado casi nada. Seguido por los ecos de mis pasos llegué al pabellón (¿Así se llamaban antes?) de los salones de Historia.
La historia es lo que se dice, pero quién te asegura que es lo que sucedió. Esa había sido la frase con que una mañana se presentó el profesor de Historia del Perú que reemplazaría al titular durante su ausencia en la semana. Los hechos no mienten –había continuado- pero la historia escrita si. Aquella mañana, para jolgorio de todos, se había corrido la noticia de que el profesor de historia había enfermado gravemente. Cuando estábamos a punto de volar al canchón a tirarnos la pera, se presentó el Auxiliar acompañado de un joven cuya cabellera, era muy evidente, se había resistido a ser peinado y que vestía un terno desgarbado. Personalmente siempre he creído que la historia oficial es aburrida porque es la narración sucesiva de los sucesos que sucedieron en el tiempo, pero mentidas sistemáticamente y que a la postre terminamos dándolo por cierto, de manera que su hipótesis me llamó la atención. El novel dijo muchas cosas aquella vez, entre ellas una batería de lugares comunes respecto a nuestros más insignes héroes, pero lo que calo mas hondo en mi memoria fue lo referente a Bolívar. Fue honesto en declararse admirador del Libertador San Martín. Respecto del Argentino dijo que los hechos le habían dado la razón que lo que más convenía al Perú recientemente independizado era una gobierno de corte monárquico constitucional, esto habría evitado el caos y desorden interno y las guerras fraticidas por la toma de poder, que han sido una rémora para nuestro desarrollo, pero no confiaron en la buena fe del Libertador. Precisamente –afirmaba el historiador en ciernes- este fue el argumento para que Bolívar se ganara el aprecio de los Limeños, al fin y al cabo Lima era el Perú en aquél entonces. ¿Cuál habría sido argumento para que luego de la entrevista de Guayaquil San Martín dejara el campo libre para el arribo de Bolívar al Perú, como lo había venido planeando el venezolano desde hacía un tiempo atrás? Se preguntaba. Bolívar –espetó el suplente- es un hermoso mito creado por nuestros historiadores oficiales. Bolívar no fue un paladín de la Democracia, como se nos quiere hacer creer, antes bien fue un Tirano amañado, prueba de ello –levantó la voz dejándose ganar por la indignación- es la espuria Constitución Vitalicia, jurada el 9 de diciembre de 1826. ¿Saben qué? –nos preguntó sin esperar respuesta- No tuvo el más mínimo escrúpulo para dirigirle una carta a Gamarra, abogando por su propia Presidencia Vitalicia, afirmando que un presidente vitalicio era la inspiración más sublime de un régimen republicano. Tamaña patraña era una ofensa para el sentido común de los peruanos. No me extraña el tenor de esa carta, –siguió discursando el profesor- pues desde antes de su llegada tenia un pésimo concepto de nuestros hermanos campesinos, los creía sub normales, truchimanes, ladrones, embusteros, falsos, sin ningún principio moral que los guíe; fue por eso que en 1826 derogó el Decreto dictado por San Martín el 27 de agosto de 1821 que liberaba a los indígenas de la vergonzante exacción que con el nombre de tributo pagaban los indígenas a la corona española. Hay muchas cosas más que indignan, por ejemplo el desmembramiento de mas de la mitad de nuestro territorio, aunque esa es otra historia –concluyó su discurso coincidiendo con la campana de final de clases.
Recuerdo todo esto como si hubiera ocurrido ayer. Gran mérito del profesor aquél: decir la verdad desnuda en un colegio donde Bolívar era considerado algo así como un santo. A la mañana siguiente esperé en vano la presencia del reemplazante, alguien (siempre hay un soplón en clase), había ido con el chisme y el Director tuvo que cambiar de profesor: no se podían difundir ideas subversivas en un colegio de prestigio. Así sucede siempre, en tiempos de hipocresía cualquier sinceridad parece subversiva. Mucho tiempo después Herbert Morote (que saltó a la fama por denunciar haber sido plagiado por Bryce Echenique) denunciaría estos hechos (mas documentadamente claro) en su libro “Bolívar, Libertador y Enemigo Nº 1 del Perú”, el cual se los recomiendo si tienen curiosidad por el despedazamiento de nuestro territorio.
Y, que fue de los amores tormentosos se preguntarán. Simplemente el título. Un pretexto para atraer a los lectores. Creo que siempre nos hemos visto atraídos por lo sórdido, es como la miel para las moscas.

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martes, 2 de noviembre de 2010

Prostitución: origen y acepciones de esta palabra.



Hace ya mucho tiempo (octubre del año 2006) leí un artículo relacionado con la palabreja en cuestión, además de haberme divertido mucho me ilustró bastante; en el también se hace mención a uno de los mejores libros del fallecido Saramago "El Evangelio según Jesucristo", se los reproduzco:


El antiguo y sensual arte de vender el cuerpo: la prostitución.
S. Florencio Jara Peña.

El tema, en nuestro medio bastante pacato, aún levanta polvareda, cuando ya no debiera ser así, como si al evitar nombrarlo la prostitución dejaría de existir automáticamente. Sobre la prostitución se pueden decir muchas cosas desde la sociología, la medicina, la criminología, el Derecho, inclusive ahora último es parte del programa político de un candidato (Pastor religioso) a la Alcaldía de la capital más desordenada de sudamerica: Lima.

Obviamente que puede merecer un ensayo riguroso y muy erudito, es decir que es una cantera muy prolífica para las especulaciones intelectuales de cualquier índole. Pero..., también puede resultar ilustrativo y porque no muy ameno referirse a esta erótica actividad. Esto último es lo que pretendo.

Alguna vez dije que estoy dominado por una curiosidad malsana, creo que mas que una virtud es un defecto. Mis amigos eufemisticamente dicen que tengo el “don de la observación” (que por cierto no esta incluido en la relación ortodoxa de “dones”). Bueno, lo cierto es que la curiosidad me llevó a indagar sobre el origen de tan célebre palabra, que antiguamente estaba vinculada únicamente a la prostitución femenina. Es sorprendente la cantidad de adjetivos y sustantivos que existen en nuestro idioma para designar a estas divinas compañeras ocasionales, fácilmente superan el medio centenar: casquivana, pelandusca, ligera de cascos, churriana, hetaira, maturranga, meretriz, metresa, pendanga, perendeca, pindonga, prostituta, puta, ramera, zorra, pelleja, peliforra, leperusa, golfa, lechuza, ave nocturna, mujer pública, de la vida, del oficio, del partido, etcétera, etcétera. No intento hacer un resumen etimológico de todas estas palabras, la labor sencillamente sería monumental, sin embargo hay algo que no ha terminado por convencerme, en cuanto a los lejanos orígenes de la palabra me refiero, es que la mayoría de ellas tienen relación con lo infame, con lo impúdico, con lo protervo, con lo desaseado, en fin con la oscuridad y todo lo infame (dicen las venerables voces de las mediocracias que los espíritus torvos esperan que caiga el telón de la noche para cometer sus fechorías).

Pero, hasta donde es cierto esto. Es decir necesariamente la prostitución se desarrolla en un ambiente de fango, de sentina, de hedor. Veamos el significado de alguna de estas palabras, por ejemplo: se denomina pelandusca porque va desgreñada, llena de harapos, legañosa, coscándose y rascándose; igualmente puta se origina del latín puteo, putes, que quiere decir “oler mal”, de donde a su vez provienen las voces latinas putor, putoris, mal olor; putesco, putescis, podrirse, heder. De acuerdo a esto, las mujeres que se dedican a la prostitución serían, hoy en día, sencillamente repugnantes.

Así como en las ciencias ocurre que una hipótesis, en su tiempo revolucionaria, es superada por la realidad, que obliga a su vez el replanteo de una nueva teoría, en este caso también los orígenes etimológicos ya no reflejan el verdadero significado de estas palabras.

Tal vez en la infancia de la humanidad, pero tan luego que el tiempo hizo que las actividades humanas, la prostitución es una actividad humana, se tornen mas sofisticadas ya no; pues la historia ha registrado muchas de estas cortesanas que por el buen gusto y la refinería han marcado las pautas en la moda y maquillaje femenino, y estaban lejos de ser harapientas, legañosas y desaseadas: Laia de Corinto, o Targelia, que ejercieron esta profesión y tuvieron una gran influencia sobre los hombres más famosos, no solo por sus encantos corporales sino también espirituales, culturales; se dice también que las hermosas modelos que posaban para Caravaggio o Miguel Ángel eran prostitutas, escogidas de entre muchas “honestas”, para mantener la euritmia de sus obras, claro de acuerdo a los cánones de belleza física de la época (ahora pasaría de obesas).

La ficción literaria es donde con más contundencia se ha derribado el mito del ambiente pútrido de la prostitución (aún cuando solo sea la mas hermosa de las ficciones). El Premio Nobel José Saramago hace la descripción literaria más pura, transparente, sensual y erótica, a mi gusto, del primer contacto sexual que tuvo Jesús, el personaje histórico no el deificado, con María de Magdala. Antes de dejarse aprisionar, para siempre, con la desnudez, con la redondez de los muslos suaves y el aliento a trigal de la divina prostituta a la postre beatificada, el joven Jesús se sorprendió “porque nunca había visto nada tan limpio y ordenado, a diferencia del hogar de su madre (...). La cama no es aquella rústica estera tendida en el suelo con un cobertor pardo encima, este es un verdadero lecho, con cobertores, con colchas bordadas de lino de Egipto, perfumado con mirra, aloe y cinamono”. En ese ambiente perdió Jesús su virginidad, si cabe el término, y su divinidad. De haber sido María de Magdala una harapienta, desgreñada, desaseada y sucia prostituta, como lo sugiere el origen de esta palabra, tal vez el verbo no se habría hecho hombre.

Claro, nada es absoluto. Deben existir, y muchas ah, cortesanas que se aproximan a los significados gramaticales detallados, pero esas, por el momento no despiertan nuestra curiosidad para diseccionarlas con estos comentarios banales, así como existen también aquellas chicas “tan buenas, que por pura camaradería o compasión se entregan a cualquier falaz criatura patética, a un viejo tronco caído o un puerco espín desconsolado” (Vladimir Nabokov: Lolita), por supuesto que si, pero esas pertenecen a otro género y tal vez a otro artículo.

Este comentario no pretende ser un panegírico de la prostitución, no, por supuesto que no, tampoco un ensayo filológico, sino tan solo dejar entrever la posibilidad de que el origen etimológico de una palabra no necesariamente es de aplicación actual, pero por sobre todas las cosas es el resultado del placer de escribir por escribir.
Abancay, octubre del año 2006.   
 
Que les parece, ilustrado, poético y divertidísimo, cierto.
 
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